jueves, 21 de febrero de 2013

Picadillo de Pensamiento


El hombre crea su mundo. Si no existe la conciencia humana entonces es imposible para el mundo existir, ya que este existe en función de la conciencia creativa. Por existir me refiero a que sin la dirección de una idea y una acción que lo formule, el mundo termina siendo una pila de átomos indefinidos. El mundo, no solo la materia que lo forma, sino el mundo como expresión de nuestro entorno a todos los niveles humanos, depende de nuestra interacción con el. En respuesta a esto, la humanidad se sostiene (y se diferencia de otras criaturas vivas, dicho sea de paso) gracias a la susodicha interacción. En otras palabras, nosotros creamos al mundo, y el mundo, sobreviviéndonos individualmente, crea también al individuo.

Tal continuidad es el hito mas poderoso del ser humano, la creación de una construcción ideológica/física que define al universo material y a la vez hace que este lo defina a el. Una continuidad desatada por un desarrollo de la corteza cerebral antes no visto en criatura viva alguna (conocida, claro está).

Queda expuesto de manera evidente, entonces, que dicha continuidad de construcción depende de las acciones sociales, de manera primordial.

Los avances científicos, el estudio teológico o filosófico, el desarrollo de las artes; todas las vertientes de lo que se conoce comúnmente como conocimiento humano son venas que llevan la sangre al corazón que es la sociedad en si. Que no se malentienda, el individuo es el “átomo” de la sociedad, pero la incapacidad intrínseca del individuo de tener continuidad desprovisto de la sociedad hace que la colección sea el verdadero agente operativo.

Me adentro en este argumento como punto de partida ya que es para mi básico entender que nuestra existencia es resultado de una delicada gama de hechos, ideas y acciones afectadas todas por todos los otros seres humanos existentes.

El peligro de este pensamiento es que podría parecer que justifica cualquier acción de suficiente largo alcance, ya que seria una “acción social”, y por ende, necesaria. Esto se ha intentado numerosas veces en la historia humana, justificando masacres, crímenes y crueldades varias como parte de un mayor “plan social”.

La verdad es que en esos casos la acción solo se justifica en círculos sociales cada vez más pequeños. Claro que si es justo y necesario para la elite de un gobierno un acto criminal como la corrupción y el lucro con el dinero del estado. Solo tienes que abrir el círculo hacia la población en general y te das cuenta de que esto es nocivo para la sociedad, y así, por ende, para la continuidad de esta.

Por eso es que, sin entrar en argumentos teológicos (que para mi son válidos, pero eso es otro articulo), podemos llegar a la conclusión de que existen acciones nocivas para la sociedad en conjunto, en algún grado o forma, las cuales solo tienen como resultado la alineación de individuos pertenecientes a esta. En otras palabras, cada vez que un político consigue un contrato injusto de construcción se vuelve más débil la continuidad de la sociedad humana. Cada vez que Vakeró le da golpes a Martha y ella cae presa por drogas (mientras nosotros observamos, embelesados como idiotas) se debilita la construcción de la realidad a nuestro alrededor. Cada vez que se permiten abusos como en Bahía de las Águilas, permitimos la destrucción, poco a poco, del mundo como función de la voluntad creativa humana.

Así que, no permitas que el mundo se desplome a nuestro alrededor, transformado en una simple masa de átomos sin razón. Ponte de pie y actúa, acusa al que quiera destruir a la sociedad. Detén al que roba, al que mata, al que abusa, al que socava. El destino de todo el universo humano está en tus manos.

viernes, 9 de noviembre de 2012

La Nación de los Perros


Cuando me senté a escribir hoy, no sabía por donde empezar. Empecé queriendo escribir malas palabras a granel, herido por las incesantes e innecesarias medidas del gobierno. Deje la computadora encendida un rato, a ver si me llegaba algo a la mente que no fuera ‘carajo’ o ‘mierda’, pero no llegó. Mi mente se quedó en la ira durante toda la mañana. Aun esta ahí, dando vueltas en mi cabeza. Y no es para menos.

La policía mató a un estudiante. Quiero que piensen en eso un rato. A una familia le quitaron su hijo, a una comunidad le quitaron un medico. ¿Y por que? ¿Porque le tiro una piedra a un policía? Díganlo en voz alta, para que comprendan el absurdo, para que vean lo irreal que parece al salir de la boca. A un joven lo mataron porque se puso una capucha y nos tiró una pedra’.

Y encima hay quienes se atreven a insinuar que eso es comprensible. Que ‘existen otros medios’ o que ‘no hace falta el comportamiento criminal’. ¿Cómo diablos vamos a encontrar otros medios si el mismo estado que nos asesina pasa decretos para penalizar a los medios e individuos que ‘difamen’? O sea, pasan leyes para evitar que la gente hable. Para evitar que uno diga “Leonel es un narco” o “Félix Bautista es un hijo de las mil putas”.

Y es que, aunque comprar votos y aliados a diestra y siniestra les ha traído el poder a los mafiosos que nos gobiernan, no les ha traído la legitimidad. No son legítimos porque, al sacar cuentas, no nos queda otra cosa más que reconocerles como lo que son: un nido de déspotas, una escuela de dictadores.

No, ni tan siquiera, porque los dictadores se pronuncian una y otra vez a favor de sus crímenes. Danilo Medina, por otra parte, se esconde tras las faldas del Cardenal. No ha hablado nada. Déjenme poner eso en mayúsculas para que parezca que lo grito: DANILO MEDINA AUN NO DICE NADA. Margarita, que cuando era primera dama hablaba más que una cacatúa, hoy esta calladita. Nuestros supuestos representantes en el ejecutivo se sientan y dejan que su país se derrumbe y ni siquiera se dignan a defender su posición.

No la defienden, claro está, porque es indefendible. Un paquetazo tributario de proporciones colosales, cuyo diseño solo apunta a la más triste de las verdades. Leonel gastó tanto, robó tanto y sus secuaces dejaron la alacena tan vacía, que ni los más inflados préstamos pueden cubrir su desmadre. Se va con su sonrisita de morfinómano y deja a la incompetente de su mujer supervisando el desastre.

Subirnos todos los impuestos, crearnos impuestos nuevos. Ponernos a pagar hasta por ahorrar nuestro dinero. Todo para cubrir los gastos de un manojo de inservibles y corruptos peledeistas de cúpula. Cuando las caravanas de cincuenta yipetas cubiertas en amarillo y morado cruzaban las calles del polígono central, cuando bailarinas de culo fabricado bebían Moet a ‘pico’e botella’,  ¿de donde salía el dinero? La respuesta es que ni siquiera lo tenían. La respuesta es que estamos enfrentando un impuesto para pagar la gasolina, los culos y el champaña que ya se han tragado estos canallas.

Así que, ¿Cómo podremos salir de esta? Parece imposible. Nos quitan el derecho a quejarnos. Nos matan si nos manifestamos. Nos imponen leyes dracónicas para cada vez hacer nuestra vida un poco mas pequeña, un poco más desprovista de humanidad. He pensado mucho y no veo un camino de paz que nos libre de estos asesinos. No veo la paz con ellos, pero si veo el enfrentamiento.

Lo primero es que tenemos que dejar de respetarlos como personas. A nosotros no nos respetan. Nos tratan como basura y encima se espera de nosotros que mantengamos un nivel de decoro y deferencia apropiado para líderes. Pues yo digo que no. Yo digo que si Danilo Medina se sigue comportando como una mierda, mierda le voy a llamar. Si no saben como empezar, o la vergüenza les detiene la lengua, pueden empezar diciendo, por ejemplo: “Señor presidente, usted, su gabinete, su senado mandado a comprar y su cámara de diputados llena de culebras son un montón de mierda”.

Lo segundo es que, los que tenemos el lujo de haber sido educados de manera cívica y con conciencia histórica tenemos el deber de rebelar y de revelar. Rebelar nuestra voluntad en contra de un gobierno vil y bajo; y revelar esta vileza y bajeza a aquellos que más propensos están a los abusos del mismo. Tenemos el deber de entrar en los barrios, hablar con la gente (no la que está de acuerdo, sino la que no sabe lo que pasa) y encender en ellos la llama del respeto propio. Tenemos el deber de levantarnos y quejarnos, caer presos, romper cosas. Ser desobedientes ante la dictadura mafiosa que nos rige. No darles un centavo y mentarles la madre cuando nos pregunten por que.

Hoy se levantó una madre, habiendo perdido a su hijo. Ahogada con los precios contra los cuales su hijo protestó, e incapaz de denunciar a los asesinos de su hijo. Pablo Escobar trataba bien a las personas que lo hacían rico. Rafael Trujillo fomentaba un semblante de nacionalismo para esconder lo abominable de su dictadura. Que estos criminales comprendan que hasta los peores intentaban congraciarse con sus victimas.

Que nosotros nos demos cuenta que nuestro gobierno podría aprender civismo hasta de los más aberrantes criminales de la historia. Que nos demos cuenta que si nos siguen tratando como perros, no nos queda más que una sola opción.

Morderlos.

domingo, 28 de octubre de 2012

In Apostolatis Culmine


Tengo mucho tiempo que no voy a misa. Mi madre me ofreció acompañarla hoy, pero me quede aquí en casa, vestido de internauta, tendido en mi habitación. No es raro que no vaya. Es más la norma que la excepción. Solo tiendo a ir en ocasiones donde todos tememos la soledad existencial: bodas y funerales.

Lo bonito del caso es que me considero firmemente católico. No me atrae ninguna otra religión ni ninguna otra denominación cristiana. El argumento ateo no me convence y el agnosticismo me parece sofista. A diferencia de muchos, no me molesta la tradición ni el ritual romano. Tampoco me molesta el sincretismo local.

Tengo imágenes de santos, invoco a la Virgen María, me gustan las iglesias grandes y no me molesta que el Vaticano sea de oro y mármol.

¿Por qué entonces no soy mas activo en mi fe?

No creo que la institución del catolicismo sea mala. Considerarla así me haría considerarme a mi mismo y a mil millones de católicos como malos. Las iglesias no solo son sus dirigentes y clero. Las iglesias son sus adherentes. Las masas humanas no son inherentemente malas.

El problema que tengo con la institución que dirige mi fe es sencillo. Mi iglesia se niega rotundamente a renovar su humanidad. Los cardenales, los obispos, el Papa; se aferran a una humanidad que simplemente ya no existe, creyendo que esto es testamento de su visión teológica. El ser humano no debe ser homosexual ni protegerse sexualmente. El clero debe ser casto.

Estas reglas son comprensibles en el contexto del momento en que fueron creadas. Estas reglas eran útiles en el momento de su creación. Nuestra población no esta ya en constante peligro de disminuir, y ya sabemos de donde vienen las enfermedades que nos azotan. Sostenerse estas ideas como parte central del dogma es una disminución de la labor eclesiástica de miles de hombres y mujeres a través de la historia.

Lo triste es que, en su fundamento, el catolicismo nace del enfrentamiento a las problemáticas contemporáneas. Nace como una respuesta a la plétora de visiones teológicas discordantes que abrumaban al cristianismo primitivo. No digo que la eliminación de las “herejías” cristianas primitivas sea un acto bueno o malo. Lo que quiero decir es que la iglesia de la época reconoció una problemática que necesitaba de trabajo en el presente. Necesitaba de la movilización de sus recursos intelectuales y espirituales (además de militares y económicos) para no desaparecer.

La diferencia de la iglesia presente para con aquella iglesia naciente es que hoy día la iglesia se conforma con invocar su historia como argumento de valor.

Esto no me es demasiado sorprendente, debido a la organización episcopal que sostiene al catolicismo. No tengo nada en contra de la organización “Papa-obispo-sacerdote”. Lo que si me molesta es la falta de renovación interna. Algunas de las personas más educadas, progresistas, buenas y trabajadoras que conozco son sacerdotes. También algunas de las más corruptas y manipuladoras. De rutina los segundos se encuentran en puestos mas elevados que los primeros.

¿Por qué sucede esto? Creo que, más allá de política interna, el problema yace en una falta de comprensión desde el punto de vista clerical. El sacerdote, desde su formación, esta muy alejado de la realidad humana a la cual debe servir. Desde ahí el joven clérigo, lleno de positivos ideales, se queda sumido en ese idealismo y no se enfrenta a la crudeza de la vida de su feligrés. Ahí queda entonces, inconsciente a la terrible responsabilidad que debería estar cargando.

No pido que nazca un cambio de la noche a la mañana en una institución que ronda los dos mil años. Lo que si pido es un reconocimiento de su propia historia. Un poquito menos Inquisición y un poquito más Rerum Novarum. Un acercamiento al fiel que la constituye. Un Vaticano III que reconozca que aunque el fiel es fiel, lo es más a Jesús que a la institución que lo representa. Una iglesia más preocupada por el cuerpo que carga el alma. Una iglesia que de manera universalista lleve un mensaje de justicia social, no solo en pedazos y en contradicción consigo misma. Una iglesia que se preocupe por mí como yo me preocupo por ella.

Quien sabe, talvez así logren que vaya mas a misa.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Rojo, verde y amarillo.


Yo viajo mucho entre el Cibao y el Distrito Nacional, al menos 2 veces al mes. No hay un solo viaje en el cual yo no encuentre algún tipo de accidente en el camino. No me refiero a golpecitos ni rayones de pintura. Me refiero a choques. Dos vehículos destruidos, personas heridas y muertas. Esto, aun siendo terrible, se le podría tachar adjudicar al hecho de que es una vía enormemente transitada y en mal estado. Pero, claro, el desastre no termina ahí. Entro en las ciudades del interior y los accidentes entre motocicletas, pasolas y carros son constantes. De vuelta en la capital, al manejo temerario del interior se suma la imposible logística de cientos de miles de vehículos en una ciudad diseñada para unos pocos miles. Lo que quiero decir es que es un desorden total y masivo.

¿Qué separa a una sociedad organizada de una desorganizada? Es fácil decir que el factor principal es el arrojo hacia el caos. El amor a una libertad salvaje y primitiva. Pero eso, además de ser una manera anticuada de pensar, es mentira. No somos (para bien o para mal) una nación de gavilleros. Simplemente, yo no creo que aquí haya caos.

En Republica Dominicana domina la ley. Una ley a veces férrea y dracónica, Una ley que puede en ocasiones no estar escrita. Por ejemplo, todos saben que los militares tienen carta blanca para actuar como plazcan en el país. Nadie dice lo contrario. No está escrito en ningún lado, mas nadie lo duda. Sea un dueño de empresa y deje de pagar TSS o atrásese con los anticipos (o cualquier otro de la infinidad de impuestos que existen) para que vea como rápidamente lo clausuran. Quéjese a nivel mediático de cualquier institución nacional para que vea como la maquinaria estatal lo aplasta. Sea un criminal y deje de pagarle a la policía, para que vea como va preso de inmediato. Esto es ley. Se cumple y se mantiene con regularidad. Los castigos siempre son los mismos. Es la ley de la tiranía, que nada tiene que ver con la justicia de la cual la ley se supone sea sirviente

Así que, no, no creo que haya caos en este país. Porque, sencillamente, el caos implica que lo que sucede es accidental, que lo que nos aqueja no es culpa de nadie, sino de fuerzas aleatorias.

Una de estas leyes es el desorden. Mantener un halo de caos aparente. Dar legitimidad a unos AMET que lo único que hacen es cumplir cuotas. ¿Son los dominicanos malos conductores? Seguro. Pero, ¿no creen entonces que el esfuerzo debería ser enseñarles a manejar en vez de ponerlos a pagar multas? ¿Hay conductores temerarios? Indudablemente. Mas nunca han visto un chofer de carro público o motoconcho preso. ¿Por qué? Por la ley no escrita que los protege.

Los dominicanos, no importa cuanto se digan a si mismos lo contrario, no son gente bruta. Son gente, igual que todo el resto del mundo. No son más locos ni más temerarios que ninguna etnia bajo el sol. Simplemente los convencen de que el desorden es su espacio natural. Pues yo les digo que no. Que no existe ya excusa alguna. Que aun con tantos factores en contra (una ciudad diseñada por dictadores para ser intransitable, AMETs sedientos de bonificaciones, etc.) deben aprender. Aprender a respetar el derecho ajeno en el punto de encuentro más común de todos. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Y no se rindió, porque rendirse no existe.

Ayer, un caballero me pidió que, en vez de hablar acerca de aniversarios de dudosa reputación, que utilizara mi tiempo para recordarle al mundo otro aniversario. Corría el 11 de septiembre de 1973 cuando el presidente de los chilenos, Salvador Allende, fue victima de golpe y hecho muerto en su palacio presidencial. Algunos dicen “sui”, otros “homi”, pero lo que es cierto es que el “cidio” de don Salvador ocurrió, marcando a una América que aun no está convencida de lo que el poder llega a hacer para mantenerse.

El ataque a la Moneda es una de esas manchas que sobresale en nuestra historia continental. Es tan grosero, una bofetada en la cara de un pueblo chileno que era cada vez más y más peligroso al frágil status quo occidental. “¿Gente buena y socialista? ¡Nunca!

Eso es bastante obvio. No hay nadie al sur del río Bravo que diga con sensatez que esos años de Pinochet le hicieron bien al mundo o a los chilenos. No, no es por ahí que voy, ya todos sabemos que es el bien y el mal en este contexto. Lo que me pregunto es si, hoy por hoy, es relevante la discusión.

¿Es relevante Salvador Allende?

Lo pregunto porque, aunque es un signo indeleble de una América en revolución, sus ideales han sido transformados de tal manera que ese socialismo del 73 no es más que un recuerdo amargo en el 2012. Esa representación de la América unida bajo el estandarte del obrero y el hombre educado unidos contra el yugo imperialista ha sido erosionada por un neo-capitalismo forzoso y democracias debiluchas ante la injerencia extranjera.

Además, es una situación ajena a nosotros, en tiempo y espacio. ¿Qué nos debe importar a nosotros los dominicanos del siglo XXI lo que pasara en Chile hace cuarenta años? Este es un mundo donde el socialismo es una leyenda sementera para el público en general. No entiendo como dar valor a algo que reconozco es trascendente, pero temo sea inconsecuente en el hoy. Entonces, de repente, es que me quedo callado un momento en el silencio de mi celda.

Y recuerdo. Recuerdo las últimas palabras de Allende:


Seguramente Radio Magallanes será callada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores. 

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. 

Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. 

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! 

Éstas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.


“El pueblo debe defenderse pero no sacrificarse. El Pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco debe humillarse”. En estas líneas, lanzadas ya en el momento más crítico de su vida, Allende me recuerda por qué no debo olvidarlo. Su mensaje no es uno de lucha ideológica. Su mensaje es uno que llega a los cimientos de la necesidad humana. Es un mensaje de dignidad. De autodeterminación para un pueblo al cual le robaban en segundos todo lo que había logrado en décadas. Es el mensaje de un hombre que elige morir, no por la gloria ni por el martirio, sino porque es una ultima lección. Una última muestra de amor por su gente.

En nuestro mundo de ideologías muertas y monedas infladas, Salvador se define como un referente de responsabilidad y dignidad humana. Es aplicable desde la América aun vasalla hasta el África primaveral. Su calmada decisión frente a una situación imposible nos debe inspirar a pelear. No a pelear por las ideas, ni por los grupos. A pelear por toda la gente. A apelar no a la violencia sino a la templanza y el esfuerzo. A rendir tributo a la justicia y no al poder. A amar antes de querer vivir.

Salvador amaba, y eso le dio fuerza. Murió lanzando una acusación eterna contra la vorágine del poder. Y no se rindió, porque cuando se ama, rendirse no existe.

martes, 11 de septiembre de 2012

Las Dos Torres


Creo que es casi obligatorio pronunciarse el 11 de septiembre. Es una de esas cosas que ha perneado la conciencia colectiva del hombre y se ha transformado para acomodar todas nuestras teorías. Es un momento catastrófico, pero mutable, siendo lo que todos y cada uno quiere que sea. Es una conspiración para aquellos quienes más dudan de la “bondad” estadounidense. Es una justificación, para aquellos quienes desean armar guerra contra un mundo árabe ajeno a su voluntad. Es una tragedia para los que perdieron algún ser querido. Con cada año que pasa, todos estos puntos de vista se vuelven más y más verdad, quedando mezclados y entrelazados en el mito.


¿Qué paso el 11 de septiembre del 2001? ¿Que pasó en realidad? ¿Acaso sabremos firmemente quien es el villano tras nuestras salvajes ideas y teorías?


Yo no quiero saber. A mi no me interesa quien mando halar el gatillo. Esto es porque no importa quien haya sido. Que si estadounidenses, yihadi, sionistas o saudíes; es irrelevante. Es un buen momento para que todos se pongan de pie y acepten la culpa en grupo. Sí, es culpa de la cúpula de poder estadounidense, por meterse de manera constante y violenta en los asuntos del Medio Este. Es culpa de los extremistas musulmanes, quienes creen comprar el cielo con cadáveres. Sí, es culpa de los israelíes, por sostener la violencia y la intolerancia desde que les regalaron la tierra de otra gente. Sí, es culpa de saudíes, por prestar sus vastos recursos a una campaña de destrucción y muerte.


Es la culpa de todos y cada uno de ellos. Es el resultado de diez lustros de odio e intolerancia en la zona más volátil del planeta. Lo grande en verdad es que no hemos aprendido nada del suceso. Gringos y Yihadi aun se odian a muerte, aun tratan de determinar el destino del otro. El resto del mundo los mira silentes y rogando que este baile termine como en los tiempos en que los “malos” vivían en Moscú. Final por agotamiento.

Pues yo no quiero repetición de finales. No quiero que la paz llegue porque se dieron cuenta de los muertos en su pasado, de lo horrible de su baile. Quiero que mejor miren a su alrededor y se den cuenta los lideres de que sus gentes ya no creen en la razón de su lucha. Quiero que se vean solos y comprendan que la gente ya no baila ese tango que solo termina en ruina. ¿Cómo podemos asegurarnos de que así sea? El que al menos una vez haya leído este blog sabe por donde me estoy yendo.


Debemos ser entonces líderes en el ejemplo, mientras los líderes en la palabra se enfrascan en diatribas insensibles. No es necesario estar en Estados Unidos o en una nación Islamita, podemos dar ejemplo desde aquí, desde donde sea que estemos. Desamárrate del prejuicio contra tu vecino. Busca un estadounidense (si eres musulmán), o un musulmán (si eres estadounidense) y dale cariño. No, no le des cariño, dale amor. Enséñale que tú no eres una simple etiqueta. Que eres una persona igual que el o ella, y que tu corazón late igual de rápido cuando sientes.


Si no eres de ninguno de esos dos grupos; si, digamos, eres como yo, antillano, pues entonces busca a tu “contrario”. Busca al otro. Al que no te cae bien. Al que su raza o su religión o su costumbre te disgustan. Búscalo y se su amigo. Búscalo y dale la mano. Búscalo y cásate con el. Aprende que la gente es gente y es gente, no importa de donde vino o como llego donde está. Ayuda a que, a través del mundo, los que aun odian entiendan que no odiar es netamente posible.


En este día lo importante no es recodar que Estados Unidos se metió en Hiroshima o que el karma universal nos llega a todos. Este día lo importante es recordar que miles de personas murieron hace once años, por culpa de todos nosotros. Tuya y mía. Por ignorar el odio en los demás y no tratar de sanarlo.


Esforcémonos para hacerlo ahora.

domingo, 9 de septiembre de 2012

"Es que no era fácil."


Me encanta criticar a los demás. Es un fallo de mi personalidad. Me siento dueño de un buen juicio y una boca locuaz. Que sea así o no no viene al caso. Lo que si importa es que estoy consciente de que eso está mal. Pasar juicio es un acto muy humano, pero a la vez muy peligroso. ¿Cuándo es que se debe dar voz al juicio propio y cuando se debe dejar de lado la opinión?

La respuesta simple es siempre. Pero no es por ahí que voy. Pregunto porque las palabras son las que moldean las ideas. Incontables millones de palabras florecen en billones de bocas, y todas ellas crean ideas en las mentes de quienes las escuchan, No me refiero a inspiración ni al desprecio; me refiero al simple hecho de que una vez que las letras trascienden al labio, estas quedan prendidas al mundo. Quedan como minas, esperando impactar la conciencia del interlocutor.

En ese momento, nos llega la terrible realidad de que nada en el mensaje nos dice que es bueno o que es malo.

Por eso me preocupo. La responsabilidad de la palabra escapa casi siempre al que habla. Las repercusiones sociales de una boca que critica sin criterio son gravísimas. Recientemente, un joven dominicano fue asesinado en la capital. Noten que horrible suena ese sencillo enunciado. Ahora, añádanle matices. Digan como era su pelo (largo). Digan como era su piel (tatuada). Enfaticen el sitio (discoteca). El mensaje final (que fue el que nos metieron por ojo y nariz en los periódicos de circulación nacional y los noticiosos televisados) es uno que solo le falta la acusación directa para decir que merecía las 27 puñaladas.

“Ah, es que no era fácil” es lo que de repente aparece en la mente de una persona. Ya esa persona fue incitada por sus sensibilidades. Esa persona probablemente intente propagar este pensamiento. Al final, un ensordecedor ruido mediático ahoga el simple hecho de una vida cegada.

Yo mismo reconozco que soy culpable de este crimen. En este mismo blog ni más ni menos. No veo solución al dilema por parte del que critica. La opinión es un derecho, no importa cuan venenosa sea. Decirle a alguien que no puede hablar es igual de criminal que llenar a alguien de mentiras.

Entonces, ¿Cómo discernir? ¿Cómo saber de que flotador agarrarse en un mar bastante turbio y traicionero? ¿Cuál verdad escoger dentro de todas las verdades?

Lo primero que puedo sugerir es leerlo todo. Alguien les dirá que matar a una persona no es tan malo si esta es de dudosa fibra moral. Lean esa opinión. Analícenla. Ahora lean esta: Justificar la violencia con la apariencia exterior de una persona es cruel, incorrecto e ilegal.  Noten que el enunciado más débil es el que lanza suposiciones vagas e incita a la violencia y a la exclusión. Ahí está, entre esas palabras, uno de los mejores refugios del receptor de ideas. Cuando tengan dudas y no sepan cual es la verdad. En el momento de mayor susceptibilidad, acepten la idea que sea justa. La idea que sea caritativa para con todos, y trate a todos por igual.

Reforma migratoria. ¿Expulsión o integración? Derechos del homosexual. ¿Valoración o rechazo? Violencia contra la mujer. ¿Tradición de silencio o acción y educación? En cada caso que trasciende, en cada palabra inundada de sentido, inclínate hacia las palabras que quieren dar y no quitar. A las palabras que unen. A las palabras que quieren que despiertes y te lo piden con argumentos, no con gritos desgarradores llenos de odio o apatía. Inclínate hacia la verdad. No se si te haga libre. Lo más posible es que te robe el descanso. Pero vas a estar despierto.

Y al que está despierto no lo cogen de pendejo.