miércoles, 13 de junio de 2012

Amaestrando lo ingobernable

¿Para que sirve un maestro?


Se supone que para enseñar. Eso aplica a todos los maestros, sean literales o figurativos. Ser maestro es tarea de paciencia, amor y abandono de si mismo. Entregar hasta lo que no se tiene con la esperanza única de que algún día ya no seas necesario.

La gloria del maestro es ser obsoleto a su estudiante.

Un maestro bueno no te rellena de conocimiento vacuo. Te hace ver lo evidente. Un maestro bueno cultiva tu curiosidad, te permite descubrir. Te lleva el alimento a medio camino de la boca. Todo esto para que al final te des cuenta de que ya sabias lo que se te estaba enseñando. Estaba dentro de ti, si no el conocimiento, al menos la semilla de la comprensión. Un maestro bueno no se glorifica con su maestría. No se jacta ni pide que le invoquen. Un maestro bueno no extiende su relación con quien, por definición, tiene que dejarle pronto. Un maestro bueno no trata de perdurar, ni de gobernar a su discípulo.

Un maestro no debe tampoco amaestrar. Forjar un lazo parasítico en el que el estudiante solo memoriza formulas. es maestro malo el que genera eternos alumnos, faltos de una propia luz. Muchos maestros, dispuestos en posiciones de poder sobre sus estudiantes, descubren la fuerza frenética e ingobernable del pupilo. En vez de tratar de canalizarla hacia glorias mas altas, amaestran. Muchos buenos estudiantes se han perdido ante el tedio de la repetición, hasta absorber la lección como credo.

Estudiantes del mundo: rebélense contra el maestro que les intente amaestrar. No sean nunca alumnos,dejen emerger su propia luminosidad. Amen al maestro que los haga crecer, pero al final, déjenlo también en el pasado. Conviértanse ustedes en nuevos maestros, en nuevos guardianes. Sean la nueva paciencia, el nuevo amor y el nuevo abandono. Sean la nueva entrega, y rueguen por muy pronto ser innecesarios.

"La escuela ha de edificar en el espíritu del escolar, sobre cimientos de verdad y sobre bases de bien, la columna de toda sociedad, el individuo." Eugenio Maria de Hostos
y así infinitamente, hasta que nazcan y mueran los últimos hombres en la tierra. Hasta que llegue el momento en que nadie necesite maestros, y todos puedan ver la realidad como en verdad es. En ese momento en que todos los hombres sean iguales y nadie este necesitado de un camino el cual seguir, o una verdad la cual perseguir. Un momento de presciencia en el cual el hombre ya conozca al hombre. Al llegar ese momento, bajen armas y descansen, que habrán logrado su cometido. Lograran librarse, librarnos, de los malos maestros. De los que atan y vendan.


¿Hablo acaso de política? ¿Hablo de este país acaso? Yo no se. Descúbrelo. No soy tu maestro.

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